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lunes, 29 de septiembre de 2014

VIII Maratón de Zaragoza. FINISHER.

Por fin llegaba el día. Era la hora de luchar contra todas las dudas y temores de semanas atrás. Esas semanas que me pasaba visitando al médico, al recuperador, con una resonancia de por medio, matándome la cabeza pensando en que no iba a llegar a la prueba en condiciones...
Y como ya sabéis, al final infiltrándome y parando unos días a tan solo dos semanas de la maratón. Poco entrenamiento para lo que exige esta prueba. Y, es aquí donde te das cuenta realmente de lo que cuesta llegar a cumplir estas metas tan ambiciosas.
No conozco a nadie que haga una maratón sin entrenar nada. La distancia te exige una mínima preparación y por eso tenía tantas dudas. Además de no estar en mi mejor momento personal en otros aspectos de la vida y que lo único que hace es restar. Son problemas añadidos en los cuales tienes que tomar la decisión de tirar para adelante y hacer que no puedan contigo. Recordar lo que hiciste y ver de lo que eres capaz. Siempre recordaré como caí en el primer Ironman, eso creo una bestia dentro de mí. Antes era una persona insegura y no confiaba mucho en mí con el deporte. Ese día lo cambió todo. Fue un antes y un después. Y ayer conecté ese chip en mi cabeza. Una maratón no podía tumbarme. El chip y como no, todo el apoyo que he recibido de gente que me conoce en persona y gente que no. Que pasada de verdad. Solo por esto sabía que cuando las fuerza se vinieran abajo o comenzasen los dolores en la rodilla, recordaría todo eso.

La prueba comenzaba a las 08:30 de la mañana en la Plaza del Pilar. Lugar precioso para dar comienzo y terminar una maratón. Por fin se hizo realidad el sueño de todo maño. Terminar una maratón en la plaza más importante de la ciudad.
Pistoletazo de salida y a correr.

Decido ponerme con el globo de 3:45. Siempre un poco antes para que no se me coma todo el grupo. Creo que puede ser un ritmo cómodo y si me encuentro bien, intentaré apretar un poco. Primeros kilómetros y todo en orden. El pecho va bien, la cabeza fenomenal y la rodilla, que es lo que más me preocupa, esta perfecta. Llega el kilómetro 8 y la vejiga empieza a darme por saco. Cometo la guarrada de parar en cualquier árbol. No podía más. Lo mejor fue el corredor que me recordó que tirase de la cadena. Se les olvidó ponerla. ¡ Vaya descanso !



Llegamos al kilómetro 10, el cual estaba situado en la puerta de casa y tengo a toda mi gente animando sin parar. Esto motiva mucho y desde el comienzo de la carrera voy pensando en llegar a ese punto para verles. Este punto coincide con el 21 más adelante, así que creo objetivos en mi cabeza para controlar todo. Esto hace que se haga menos largo.
Nos adentramos en el parque grande y esta vez no se hace tan largo. Han cuidado el recorrido y es más ameno que años anteriores. Cuando nos damos cuenta ya estamos en el 16 y es inevitable pensar que tenemos el ecuador de la carrera ahí mismo.

En el 17 llega Camino con la bici. Quiere acompañarme hasta el final y comenzamos a cascar. Tiene miedo que me fatigue pero estoy acostumbrado a correr hablando con el que me acompaña. Salvo cuando es Manolo, que se pone sus auriculares y que le den al de al lado. Llegamos a la media maratón y me encuentro con un grupo de niños y niñas animando sin parar. Como ayudan estos momentos y que felices son con estas cosas. Van vestidos igual y con pompones.



Pasamos el ecuador y aquí empieza la hora de la verdad. La rodilla esta perfecta pero los cuádriceps comienza a cargarse. En este momento empiezo a recordar lo poco que he entrenado. Nunca un cuádriceps me ha dejado fuera de combate pero es muy pronto para que duela con esa intensidad. Intento olvidarme de ello e inconscientemente subo el ritmo. Empiezo a bajar de 5 como un loco y Camino me lo hace ver. - Queda mucho aun, no te vuelvas loco que vendrá el hombre del mazo. -
Decido bajar ese ritmo, aunque no sé si lo decido yo o el cuerpo empieza a pedírmelo.
Entro en un momento en el que me cuesta correr fresco. Solo llevamos 25. Este tramo de recorrido es realmente feo y creo que eso ayuda a que vaya peor.
Miro atrás, veo un grupo llegar y pienso que son los de 3:45. Lo lidera un chico que no para de gritar... - ¡Este es el grupo de 3:40! -
Entonces, comienzo a pensar. Pero si no había grupos de 3:40 y menos con un chico delante. Son todo mujeres las que hacen de liebre.
No lo dudo y dejo que se pongan a mi lado y me meto a ese ritmo. Parece que me vengo arriba y marcan un ritmo más alto del que en un principio quería llevar. Por el momento no pica en las piernas y lo aguanto bien. Sigo con ellos hasta el 30 ya que en el avituallamiento se deshace el grupo. Esto me relanza y sigo en solitario dejando atrás a casi todo el grupo, salvo el líder que sigue a su marcha.

Nos adentramos en el tramo feo que hay por Paseo Longares. Esta vez lo han ampliado y da más por saco aun. Cuando salimos de el estamos ya en el 35 y en los alrededores de la plaza del Pilar.
Empezamos a ver el objetivo final pero las rodillas ya no responden como al principio. La gente empieza a tirarse a los lados de la carretera a estirar. Otros están completamente rotos ya. Por suerte, me veo muy entero aunque mis rodillas ya no flexionan como al principio.
Se empieza a hacer largo, algunos kilómetros a 5:40 y nos encontramos con un par de rectas interminables.

Por fin kilómetro 40, ya no queda nada. Uno más y entramos en la zona del centro en la que seguro, habrá más gente animando. Este kilómetro es una pequeña subida pero en cuanto estemos en el 41, ya solo será bajar. Llego a el y me dejo llevar. No me corto un pelo y lo doy todo. Quiero llegar con la sensación de que aun tenía mucho guardado y que podía haber tirado más aun.




Entro en la plaza, el ruido es ensordecedor, los pelos se erizan y ves a tu gente esperando ese momento. Lo das todo y pones la mejor de las caras posibles. Que vean que disfrutas con esto y que forma parte de ti ya. Y también de ellos, por que esta vez los he necesitado si o si.



Cruzas la meta, ya lo tienes, es tu segunda Maratón de Zaragoza y encima has bajado tu marca en 7 minutos. Nada ni nadie ha podido contigo, te lo has ganado desde el primer día que decidiste que una lesión, en la rodilla, no sería una excusa para no correr. Hoy eres más grande. Te has vuelto a demostrar que querer es poder. Y realmente te has dado cuenta de algo muy importante. Tienes una mente privilegiada. Te lo demostraste con el Ironman. Lo pusiste a prueba en Arenales y esta vez lo has vuelto hacer. Has corrido una maratón lesionado. Sé que es una imprudencia, pero mi cabeza me lo pedía. Estaba necesitado de alguna alegría.

Chicos, a esta, invito yo.